jueves, 10 de diciembre de 2009

... y al cruzar la puerta...

Abro mi puerta,
alzo la mirada,
el paraguas cerrado,
me quito las sandalias
para sentir el barro,
aguzo mis sentidos,
en el preludio de la noche
danzando con la lluvia
sin importar la insolencia
de los autos al pasar

Oteo
dos enamorados en la esquina,
un mendigo y su fiel amigo,
la vieja del café y su amargura,
todos exiguas figuras
exhortadas del invierno
ante el imponente celaje
que oculta las montañas.

Brezza, noviembre de 2009

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