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Aquella caja, aunque húmeda y vieja, estaba llena de recuerdos, tardes de abril y efímeros sueños; guardada durante años en el viejo baúl de la abuela, ya lleno de polvo, olvidado en el desván, todavía conserbaba ese toque singular, parecía que al ser abierto brillaría su magia, y saliendo de él, volarían hacia la ventan las bellas hadas atrapadas por los encantamientos del olvido. entonces, libres, las hadas pintarían de mágicos colores el blanco y negro de su mundo de papel.

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